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jueves, 6 de septiembre de 2018


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San Juan de la Cruz (Fontiveros, Ávila, 1542 – Úbeda, Jaén, 1591)

Patrono de los poetas en lengua española, fue un religioso, cofundador con Santa Teresa de Jesús de la Orden de los Carmelitas Desclazos. Fue un poeta místico del Renacimiento.

Entre sus obras, “Cántico espiritual”, “Noche oscura” y “Llama de amor viva”.


Canciones a lo divino de Cristo y el alma
1
Un pastorcico solo está penado,
ajeno de pacer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

2
No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.

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3
Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado..

4
Y dice el pastorcito: ¡Ay desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastomado!

5
Y a cabo de un buen rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado.

San Juan de la Cruz


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viernes, 11 de mayo de 2018


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 Una amante inflamada de amores, sale de su casa de noche y en secreto en busca del amado. 

Nada le importa, sólo se guía por la llama ardiente del corazón. Su amado la espera en un lugar oculto y secreto que ella sólo sabe y allí se dirige para ser la “amada en el amado transformada”. 

Y, con la complicidad de la naturaleza, en ese lugar idílico, tiene lugar la unión, la consumación y el éxtasis:



Noche oscura

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada,

a oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en sitio donde nadie aparecía.

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
y en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

………….

Sien embargo…San Juan de la Cruz no se refiere al amor entre hombre y mujer, este amor humano descrito con un sentimiento erótico insuperable, es sólo un metáfora del amor entre el alma (esposa amante) y Dios (el amante esposo que la espera).
Como explica el mismo autor es el “Gozo del alma por haber adquirido el estado de perfección, que es la unión con Dios”.
Todos los comentaristas coinciden en distinguir en este texto (También en CÁNTICO) las tres etapas o vías místicas en el camino del alma en su proceso de acercamiento hacia Dios:
·         La vía purgativa (3 primeras estrofas).
·         La vía iluminativa (estrofas 4 y 5).

·         Vía unitiva (las tres últimas).


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lunes, 9 de abril de 2018



Cántico

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido.

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
no cogeré las flores,
ni temeré a las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!,
¡oh prado de verduras
de flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

(…)
Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.

(…)
Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.
Juan de la Cruz

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Poema compuesto a base de liras que le confieren ritmo, cadencia y musicalidad.
Lírica descripción del proceso amoroso, desde el sufrimiento de la incertidumbre, pasando por la adquisición de la certeza y culminando con el éxtasis de la unión. Todo ello a través de sugerentes y delicadísimas metáforas. Nada es explícito, todo es velado, pero subsiste y nos llega con más profundidad que el erotismo expreso.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Noche oscura

Una amante inflamada de amores, sale de su casa de noche y en secreto, en busca del amado.
Nada le importa, sólo se guía por la llama ardiente del corazón. Su amado la espera en un lugar oculto y secreto que ella sólo sabe y allí se dirige para ser la “amada en el amado trasformada”.
Y con la complicidad de la naturaleza, en ese lugar idílico, tendrá lugar la unión, la consumación y el éxtasis.


Sin embargo, San Juan de la cruz no se refiere al amor entre hombre y mujer, este amor humano descrito con sentimiento erótico insuperable, es sólo una metáfora del amor entre el alma (esposa amante) y Dios (el amante esposo que la espera).
Como explica el mismo autor, es el “gozo del alma por haber adquirido el estado de perfección, que es la unión con Dios”.
Todos los comentaristas coinciden en distinguir en este texto (también en CÁNTICO) las tres etapas o vías místicas en el camino del alma en su proceso de acercamiento hacia Dios:
La vía purgativa (3 primeras estrofas). Oscuridad.
La vía iluminativa (estrofas 4 y 5). Luz.
La vía unitiva (las tres últimas estrofas). Unión.



Noche oscura

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada,

A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en sitio donde nadie aparecía.

¡Oh nche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche, que juntaste
amado con amada
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido
que entero para él sólo guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Cántico


“Cántico” es un poema compuesto por 39 liras, de las que sólo he traído 8.
Lírica descripción del proceso amoroso, desde el sufrimiento de la incertidumbre y de la búsqueda, pasando por la adquisición de la certeza y culminando en el éxtasis de la unión.
Todo ello, a través de sugerentes y delicadísimas metáforas. Nada es explícito, todo es velado, pero subsiste y nos llega con más profundidad y nos emociona más que el erotismo explícito



¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndomo herido;
salí tras ti clamando y eras ido.

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
no cogeré las flores,
ni temeré las fieras
y pasaré las fuentes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras
Plantadas por la mano del amado!,
¡oh prado de verduras
De flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y yéndolos mirando,
con sólo su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

(…)

Entrado se ha la esposa
En el ameno huerto deseado,
Y a su sabor reposa,
El cuello reclinado
Sobre los dulces brazos del Amado.

(…)

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
Cavernas de la piedra nos iremos
Que están bien escondidas,
Y allí nos entraremos,
Y el mosto de granadas gustaremos.


Juan de la Cruz