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lunes, 26 de julio de 2021

CONOCE LAS FUERZAS DEL TIEMPO, Y EL

SER EJECUTIVO COBRADOR DE LA MUERTE

 

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!

¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!

¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,

pues con callado pie todo lo igualas!

 

Feroz de tierra el débil muro escalas,

en quien lozana juventud se fía;

mas ya mi corazón del postrer día

atiende el vuelo, sin mirar las alas.

 

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!

¡Que no puedo querer vivir mañana,

sin la pensión de procurar mi muerte!

 

Cualquier instante de la vida humana

es nueva ejecución, con que me advierte

cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

 


El primer cuarteto incide en el tema del “tempus fugit” y lo resuelve con tres exclamaciones.

El segundo cuarteto lo resuelve con tres metáforas: la muerte es un animal feroz; el cuerpo es el débil muro escalado; su madurez ya sabe que llegará el último vuelo y no se fía como pudiera hacerlo la juventud.

El primer terceto resume las ideas anteriores, señalando la contradicción de no poder seguir viviendo sin acercarse a la muerte.

Vivir es ir muriendo en una degeneración de la vida (frágil, mísera, vana). Es la idea del último terceto.

..............

La misma idea en Bécquer. El amor trasciende al enamorado y triunfa de la muerte:

 

Podrá nublarse el sol eternamente,

podrá secarse en un instante el mar,

podrá romperse el eje de la tierra

como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte

cubrirme con su fúnebre crespón,

pero jamás en mí podrá apagarse

la llama de tu amor”.

https://www.google.com/

sábado, 19 de junio de 2021

Francisco de Quevedo (1580 - 1645)

Es más reconocido como prosista que como poeta. Sin embargo, es uno de los mejores poetas de la lengua castellana. Toda su producción emana pesimismo y desengaño, por lo que quizá sea el poeta más representativo del Barroco.

Amor constante más allá de la muerte

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra, que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora, a su afán ansioso lisonjera;

 

mas no de esotra parte en la ribera

dejará la memoria en donde ardía;

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa;

 

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriosamente ardido,

 

su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrán sentido.

Polvo serán, mas polvo enamorado.

Si nos fiamos de Dámaso Alonso, este soneto de Quevedo “es  seguramente el mejor soneto de Quevedo y, probablemente, el mejor soneto de toda la literatura española”.

El Conceptismo propio de Quevedo dificulta una primera comprensión.

En el primer cuarteto habla de la muerte y merecen especial atención la antítesis del segundo verso y el hipérbaton del tercero y cuarto.

La adversativa “mas” del segundo cuarteto pretende oponer a la muerte el deseo de permanencia. Con la “ribera” alude al mito del río Leteo que separaba el río de los vivos al río de los muertos. Otra antítesis adorna el tercer verso.

En el primer terceto la pasión del amor domina lo físico y el segundo terceto insiste en la superación de la muerte.

Imágenes:https://www.google.com/

sábado, 21 de septiembre de 2019


 Resultado de imagen de Quevedo
 Quevedo

Quevedo, es considerado el satírico más universal de la literatura española.

Su famosísimo y popular ingenio hizo que se le atribuyeran toda clase de chistes , ocurrencias y agudezas, groseras las más de las veces.


De aspecto físico no muy favorable (cojo y miope con gafas oscuras espantosas y de enorme nariz) supo burlarse de los defectos ajenos como de los propios. Siendo él un narigudo, recordemos su famosísimo soneto:

Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una nariz sayón y escriba.
Érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado
Érase un alquitara pensativa,
Érase un elefante boca arriba,
Era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egipto,
Las doce tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
Muchísimo nariz, nariz tan fiera
Que en la cara de Anás fuera delito.

Imagen relacionada

Chistes, antítesis, juegos de palabras, hipérboles, palabras nuevas…Puro Conceptismo.
Curiosa y menos conocida la siguiente versión del mismo soneto:

Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase un alquitara medio viva
Érase un peje espada mal barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egipto,
Las doce tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
Frisón, archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal, morado y frito.

Resultado de imagen de Ërase una alquitara pensativa

miércoles, 5 de marzo de 2014

Quevedo y su “Buscón”



Principio de “Vida del Buscón”:

“Yo, señor, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero; aunque eren tan altos sus pensamientos, que se corría le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y, según él bebía, es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza Saturno de Rebollo, hija de Octavio de Rebollo Codillo y nieta de Lépido Ziuraconte…”

Final de El Buscón:

“…Yo, que vi que duraba mucho este negocio, y más la fortuna en perseguirnos –no de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como obstinado pecador-, determiné, consultándolo primero con la Grajales, de pasarme a Indias con ella, a ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte. Y fueme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.”
…………

El Buscón es don Pablos “príncipe de la vida buscona”. Ingenia toda suerte de mentiras y artificios para sobrevivir. Criado de un estudiante va al pupilaje de Cabra, famoso por las hambres que hacía sufrir a sus pupilos. Les daba comidas “eternas” (sin principio ni fin).

Alguien ha definido al “Buscón” de  Francisco de Quevedo como “la más tétrica y pesimista de nuestras novelas picarescas”

viernes, 15 de febrero de 2013

Érase un hombre a una nariz pegado



Quevedo, es considerado el satírico más universal de la literatura española.
Su famosísimo y popular ingenio hizo que se le atribuyeran toda clase de chistes , ocurrencias y agudezas, groseras las más de las veces.
De aspecto físico no muy favorable (cojo y miope con gafas oscuras espantosas y de enorme nariz) supo burlarse de los defectos ajenos como de los propios. Siendo él un narigudo, recordemos su famosísimo soneto:

Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una nariz sayón y escriba.
Érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado
Érase un alquitara pensativa,
Érase un elefante boca arriba,
Era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egipto,
Las doce tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
Muchísimo nariz, nariz tan fiera
Que en la cara de Anás fuera delito.

Chistes, antítesis, juegos de palabras, hipérboles, palabras nuevas…Puro Conceptismo.
Curiosa y menos conocida la siguiente versión del mismo soneto:

Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase un alquitara medio viva
Érase un peje espada mal barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egipto,
Las doce tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
Frisón, archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal, morado y frito.

miércoles, 29 de febrero de 2012


QUEVEDO - SABINA


A raíz del “polvo enamorado”, busqué en la red y me encontré con un  interesante trabajo de Juan Pablo Nayret, licenciado por la Universidad Nacional de Mar de la Plata, escritor y conferenciante.

Sostiene Juan Pablo Neyret que la poesía de Sabina tiene influencia del rock, dr Atahualpa, de Homero Manci, de Georges Brassens, de Cérsar Vallejo de Pablo Neruda, de rafael Alberti, de Fray Luis de León y Jorge Manrique…, pero sobre todo de Quevedo.

Sostiene que Quevedo está imbricado en Sabina. Sabina utiliza la ironía y el sarcasmo la mordacidad, las asociaciones impertinentes, los juegos verbales…” Sus letras de uso corriente están entrelazadas con cultismos, equívocos, retruécanos, contrastes y antítesis así como de construcciones anafóricas, al modo quevediano”. Como se ha dicho de Quevedo, también Sabina “se apresuró a reír de todo para no tener que llorar”.
……

Como ejemplo de que ambos, Quevedo y Sabina, utilizan recursos estilísticos parecidos, Neyret compara el poema “Contigo” de Sabina con el soneto de Quevedo que comentábamos hace unos días “Amor constante más allá de la muerte”.

El soneto lo tenésis más abajo. He aquí el poema de Sabina:


Contigo

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.


J. Sabina


Según Neyret, Sabina en este poema emplea procedimientos totalmente barrocos, señala tres:

-Utiliza la anáfora: el “Yo no quiero” se repite dieciocho veces en dieciocho versos endecasílabos (metro preferido del barroco).

-Utiza el ablativo absoluto, “corazón cobarde” que es un recurso arcaizante: “lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí”. Seguramente lo usa como vocatico referido al tú femenino.

- Podemos concluír que en los versos “Y morirme contigo si te matas/ y matarme contigo si te mueres/ porque el amor cuando no muere mata/ porque amores que matan nunca mueren”, son un suerte de glosa de todo el soneto de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte”. A su vez, el último terceto del soneto de Quevedo, y en especial el último verso: “Polvo serán, mas polvo enamorado”, resume también el estribillo de Sabina. 

sábado, 18 de febrero de 2012

Francisco de Quevedo (1580 - 1645)


Es más reconocido como prosista que como poeta. Sin embargo, es uno de los mejores poetas de la lengua castellana. Toda su producción emana pesimismo y desengaño, por lo que quizá sea el poeta más representativo del Barroco.
Sus sonetos son famosísimos.

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

F. de Quevedo
..............
Si nos fiamos de Dámaso Alonso, este soneto de Quevedo “es  seguramente el mejor soneto de Quevedo y, probablemente, el mejor soneto de toda la literatura española”.
El Conceptismo propio de Quevedo dificulta una primera comprensión.
En el primer cuarteto habla de la muerte y merecen especial atención la antítesis del segundo verso y el hipérbaton del tercero y cuarto.
La adversativa “mas” del segundo cuarteto pretende oponer a la muerte el deseo de permanencia. Con la “ribera” alude al mito del río Leteo que separaba el mundo de los vivos del de los muertos. Otra antítesis adorna el tercer verso.
En el primer terceto la pasión del amor domina lo físico y el segundo terceto insiste en la superación de la muerte
En el último verso podemos encontrar toda la intención del poema. El autor se revela contra la idea no de sobrevivir a la muerte, ya que al menos el amor debería permanecer más allá.