sábado, 8 de diciembre de 2018


Lírica andalusí

Albayzí

Cuando descendiste al Albayzín
era de noche, pero aún traías el brillo
del crepúsculo en los ojos.

Te guardaban los pájaros cautivos
ocultos entre las rocas del monte
y yo, como arrayán de una sola hoja
en el camino de tu casa al río.

Anónimo

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domingo, 2 de diciembre de 2018


 Resultado de imagen de Veremundo Méndez Coarasa
Veremundo Méndez Coarasa (Hecho, Huesca, 1897 . 1968)

Maestro, escritor y poeta en aragonés cheso.


Entre sus obras, ‘A Echo’, ‘Oza’ , ‘Las fiestas d’antis más’, ‘Ya ve iplegando setiembre’ y ‘La agonía de las campanas.





La siembra

Acabadas las trufas y sopas,
adobadas con sebo y desfeitas,
remulladas con bel trago vino,
cristianau, si ne has, u agua fresca
y alcaso azamallo,
ha la chen preparada pa siembra.
Atrapacian y chuñen y cargan,
cada cual, las bestias.
Con alforcha pa todo lo día,
con lo trigo apañau en talecas,
con l’apero colgau de lo chugo
y rastrando lo duecho por tierra,
marchan ta la bal,
otros ta laderas
de tierra ‘slavada
y con todos ta güebra,
que, movida y también travesada
y terciada, de güeña manera,
la dixeron así atrapaciada,
ya ‘n la primavera,
después que cremeron,
formigués a usenas,
abrasando, tamién, en los mismos
a las plantas rancadas de tierra,
qu’emponzoñan y matan los campos
y lis chupan lo chueco que queda.
¡Ah diaples de cardos,
grumacas, xarceras,
cenullos, ordigas,
 cerrudas, gardenchas,
 yerbagüena burro,
lastón y broxera,
sabuqueros baxos,
arto cutio, plantaina, sarguera,
solimán, anipetas y toxas
y la betiquera
los azotacristos
y las garrucheras,
las matas de buxos
y d’allagas, que punchan las perras
y te meten las zarpas crismadas,
que da rabia y pena,
porque veyes que trigo n’on pillas
y las plantas dañinas emplenan
los campos, las marguíns,
que parez que triballas pa ellas!
Te metes frioso
y a ñpoder ¡cremarías las peñas!…
Plegaus ta lo campo,
escargan las bestias,
preparan l’apero,
lo dental, en lo güembre, t’apretan;
apañan la ‘spata,
pa que dentre lo güembre.n la tierra,
lo que siga justo
u las bestias puedan.
Empecipian itándote sulcos,
que se claman puercas,
y siñalan los campos asinas,
pa guiar la siembra.
Lo que ita lo trigo a zarpaus,
ha pillau por la margin más dreita;
ve seguindo qui lleva la chunta
y en la zarpa ramals y codeta,
apretando’nta baxo, que dentre,
lo gúembre’n la tierra.
En ella se clava
y la deixa abierta,
cuando fa lo sulco
y lo trigo ’ntierra.
Ya’n ye lo primero
y pa dar la güelta,
¡Tom’arriba!, dice,
devantando l’apero de tierra,
fendo darlin, la mey’ a la chunta,
pa tornar por la misma ‘ndrecera.
En que clava’n la tierra lo güembre,
que gobiernan lo duecho y codeta,
contra lo primero,
lo segundo queda,
un  sulco a la ida
y l’otro a la güelta.
¡Toma baxo!, dice,
lo mozo que siembra,
afloxa pa darla
pero luego apreta
y a slcos a sulcos,
se’n fan una puerca.
Adezaga d’aquella, la otra
y dimpués de las dos la tercera;
d’ixa quisa te siembran lo campo,
u sino las fanegas que puedan,
si lo tajo ye mas d’una chunta,
menester ye otro día de siembra,
Allá meyo día,
han para upa chintar lo que vienga
en l’alforcha, con pan y con vino
y con la berienda.
Comen lo que siga;
muito no lis cuesta,
no bi-ha qui piense
en itar la siesta;
no ye tiempo ni branca aparente
y que, a más, si te itas, te chelas
y pillas destemple, u güen mal de muelas,
u bel resfriau
apercazau l’ebas
y por ixo, en todo el día.
No bi-ha qui lo tiempo te pierda,
porque ye mui sagrau lo triballo.
¡Ye lo pan que demandas ta tierra!...
No ye cosa que siga chocante,
pero sí, muita miga. Ixo lleva.
Tonada de trilla,
tonada de siega,
tonada de ronda,
pa bailar, la fiesta,
pero  o trovarás en la jota,
tona da de siembra…
No verez a dinguno sembrando
que cante’n faena.
El triballo qu’empleas lo cuerpo
y qu’empleas, también, la sesera.
Que si paxaricos,
que si mla tierra,
que si lo negrillo,
que si l’arbilluela,
pos miro lo muervo,
a cascabellera,
la perra viraca,
ratillas, toperas;
a ormino, cheladas,
si quieres s’aniebla,
dimpués las tronadas,
mas antis, que pleva
y si plegan calós mui de pronto,
no te grana ni branca ni meya;
si l’aire lo tumba,
tamién la fa güeña.
Y sabiendo todo ixo que sabes,
sin d’embargo siembras;
y siembras callando,
como aquel qui reza,
 que lo fer que la tierra dé frutos,
ye cosa mui seria.

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martes, 27 de noviembre de 2018


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Javier Egea (Granada, 1952  - 1999)

Conocido como “Quisquete” en su ambiente literario. Perteneciente al movimiento poético llamado “La otra sentimentalidad”
Entre sus premios el “Antonio González de Lama” y el “Premio internacional de poesía Juan Ramón Jiménez”
Entre sus obras, “Trippo mare”, “Paseo de los Tristes”, “La boca de parir” y “Serena luz del viento”.
Javier Egea se quitó la vida en su ciudad, el jueves 29 de julio de 1999.


Noche Canalla

Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,
me guiaba su risa por la ciudad tan gris.
Ella tenía en su boca colinas de Ketama
y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.
Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.
La he perdido en un bosque de jeringas brillantes
por donde nos decían que se llegaba al mar;
se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,
por más que yo me muera no la podré olvidar.
Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.
Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.
Sólo queda el calor de mi pobre navaja.
Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.
A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.
En un barrio de muertos me trajeron al mundo.
Esta noche canalla no respondo de mí.

Javier Egea

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miércoles, 21 de noviembre de 2018


Yo que siempre bailo con la má fea

Yo que siempre bailo con la más fea
que arrimo el ascua
a la sardina del que nunca pesca
y que salgo a la calle
con un libro de poemas en la mano
por si se hace de noche,
por si levanta el cierzo,
por si se pone a tiro el tirano de turno
y tengo que hacerme ver
(yo, la invisible)
que ando preguntando últimamente
quién dice ser el dueño
de esta barraca en la que nos subieron
porque quiero que sepa
que tengo libre acceso a una voluntad libertaria
y a una idea fatal:
la de que aquí cabemos todos.

Begoña Abad

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jueves, 15 de noviembre de 2018


Capítulo 28 de Rayuela

París. En la pieza que la Maga tiene alquilada, se encuentra La Maga y Gregorovius, su pretendiente, hablando de Oliveira, amante de La Maga que la ha abandonado.
Rocamadur, el hijo enfermo de La Maga se supone que duerme y Gregorovius y La Maga se cuestionan la posibilidad de poner música, no sea que se despierte el niño, Se oye roncar a Rocamadur de vez en cuando, pero, al ratito ya no se le oye.
Viene Oliveira y es el primero en darse cuenta de que Rocamadur no duerme…,  y se lo comunica a Gregorovius.
Llegan Ronald y Babs, Oliveira le comunica aparte a Ronald lo de Rocamadur.
Hacen café. Oliveira piensa que la situación es absurda y que etán viviendo como el negativo de la realidad: ‘me parece que está mejor así que si soltamos la noticia como una paloma’.
Llega Etienne y cuenta al fin que Guy se salvó después del intento de suicidio y en un aparte Oliveira le cuenta también la situación en que se encuentran.
Filosofan como evasión y de vez en cuabdo la Maga les conmina a hablar bajo.
En un momento dado, se instala el tema de la muerte como una prueba más del absurdo…

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sábado, 10 de noviembre de 2018


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Álex Chico (Plasencia, 1980)

Licenciado en Filología Hispánica, Profesor de lengua y literatura, crítico literario y poeta.


Entre sus obras, “La tristeza del eco”, “Nuevo alzado de la ruina” y “Las esquinas del mar.”

 Instante

Ciertos lugares conservan el paso
de los que se detienen, y deciden –al cabo-
observar lo que les rodea.
Sin más interés que el de permanecer allí
por algún tiempo.
Esos territorios en donde el instante
pretende ser perpetuo,
cercados en el bosque
con una explanada verdosa en su centro.
En esos lugares se aprende a decir: lo desconozco.
De ahí su condición Inabarcable: siempre quedarán
sujetos a una duda.
Un espacio –un lugar- que acaba por no saberse
si existió, y logrará subsistir en la distancia.
Donde no ha ocurrido nada y sin embargo
se logra no haber sido nunca.

Álex Chico

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Ciudad del hombre

Volvería a este lugar
si lo hubiese habitado.
Buscaría mi exacta conciencia,
recordando nuevamente mi rostro
en cada esquina.
Ocuparía el atardecer
para que la ciudad me retomara,
rescatándome desde la tierra,
si pudiera,
como a un hijo suyo.
Si perteneciera a este paisaje,
plegado entre los valles que la concentran,
la voz de algún pariente me reconocería,
y volvería a hablar conmigo.
Yo me sentiría un ser prolongado,
asumido entre su especie.

Pero nunca he habitado este lugar,
mi paso por aquí no es más que un espejismo.
No he construido esta tierra,
ni puedo ocupar –es imposible- el silencio que la nombra.
Las aguas que la circundan no me pertenecen
y las voces que creí escuchar de mis parientes
anuncian, en otra ciudad, el final de este viaje.

Álex Chico.

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