Iscariote
Me dieron treinta monedas de plata
—creía merecer algo más que eso—
las tomé y luego los llevé hacía él.
¿Sin mí, qué hubiera sido de todo esto?
El huerto estaba oscuro. Y ellos
se lo llevaron, despierto, cansado.
Y aunque pálido, él se fue tranquilo.
Tomé el dinero y seguí mi camino.
Fue en la primavera, y las ramas que
elegí: recias, bellas y floreadas.
Éramos los dos frutos de un árbol.
Fue en la Pascua de casas encaladas.
Justo antes del sábat debió de ser:
todos se fueron, nosotros dos no.
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