domingo, 20 de marzo de 2016



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Ignacio Aldecoa Isasi (Vitoria, Álava, 1925 – Madrid, 1969)

Estudiante de Filosofía y Letras y escritor de novelas, relatos, comedias y poesía. Simpatizante del neorrealismo y del “nouveau roman”, expresó su rebeldía existencial y murió prematuramente, victima de una úlcera sangrante.
Entres sus obras, “Todavía la vida”, “Libro de las algas” y “El fulgor y la sangre”.

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Huellas

Tenue la luz en la espera del alba
erraba la noche, litúrgica y vaga,
por la angustia verde de las algas.

Un anillo de diablos volando
y un pegajoso balbuceo de ídolos
y el pez encallado en la orilla,
como un pecho pequeño del mar,
aromando tu marcha nocturna.

¡Ah! el alba rodando y rodando
con un mundo cerrado de pasos,
por la fruta amarilla del alba
con tu mundo cerrado de pasos.

Ignacio Aldecoa

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La ley del péndulo

 

Bajaban los sacos con un cabrestante. La escotilla portalaba un cielo azul de verano, inhóspito como una gran sala vacía. En la bodega de los estibadores, formando corro, abrían cancha al redón descendente. Urgidos por el capataz se abalanzaban sobre los sacos y los apilaban ordenada y rápidamente.
-Saco… estribor… arriba… Inú…
Sentían el polvillo del trigo en los pulmones y carraspeaban de vez en cuando. Las manos se endurecían en la faena, se musculaban y tomaban fuerza.
-Saco… babor… arriba… Inú…
Al ocaso entraba el segundo turno. En el ocaso, antes de que las luces del barco feriaran el trabajo, los estibadores miraban al cielo acuario como si fueran a emerger hacia el infinito.
Los estibadores se prestaban los chalecos de cuero y andrajos. Se despedían.
-¿Te entrenas?
-¿Te parece poco entrenamiento éste?
-A ver lo que haces en el próximo…
-Lo que se pueda.
-A ver cuándo empiezas a ganar dinero y dejas esto.
-En seguida.
En el gimnasio penduleaba el saco de entrenamiento. El boxeador obedecía la voz del capataz.
-Saco… izquierda… derecha… arriba… abajo… Sigue… Para…
En los barcos y en los gimnasios se iba aprendiendo a vivir: fuerza, velocidad, pegada… Un poco más lejos el dinero… y entre tanto de saco a saco como única esperanza.


Ignacio Aldecoa

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domingo, 13 de marzo de 2016


Al-Mutamid (Beja, Portugal, 1039 -1095)

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Alláh Muhammad Al-Mutamid fue rey de la Taífa de Sevilla y conocido como El Rey-Poeta. Se casó con Rumaykiyya, una esclava que en adelante se llamó Itimád.
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ITIMAD

I gnoran mis ojos tu presencia, pero vives en mis etrañas.
T e saludo con mil lágrimas de pena y mil noches sin dormir.
I ngeniaste cómo poseerme, algo difícil, y viste que mi amor es fácil.
M i deseo es estar contigo siempre. ¡Que me conceda este deseo!
A segúrame que cumplirás la promesa y no te cambiarás por mi lejanía.
D i cabida a tu dulce nombre aquí, escribiendo sus letras: ITIMAD

Al-Mutamid
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Perfume

Tres cosas le han impedido venir a verme
por miedo a quien nos vigila
y al celoso que se ahoga de despecho:
la luz de su frente,
el tintineo de sus joyas
y el perfume oloroso
de su cuerpo bajo el manto.
Ella puede taparse la frente
y despojarse de sus joyas
pero no puede suprimir
el aroma de su cuerpo.


Al-Mutamid

jueves, 3 de marzo de 2016


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Pilar Adón (Madrid, 1971)

Licenciada en Derecho Medioambiental por la Universidad Complutense. Traductora, escritora y poeta.
Entre sus obras, “La efímeras”, “Viajes inocentes”, “Las hijas de Sara”, “Mente animal” y “De la mano iremos al bosque”.

La nueva mujer

Aplazo la decisión de moverme.
Aplazo la posibilidad de transformarme en otro ser.

No deseo convertirme en un tronco maduro
del que comiencen a brotar ramitas fuertes y hermosas.
Aplazo la búsqueda de alimento, la construcción de una cúpula
bajo la que esconderme.
Rechazo el movimiento hacia una postura quizá más cómoda
 o quizá más insoportable aún. El aislamiento. El abandono.
La carencia.

Renuncio al salto sobre el río
y a la nueva mujer que empuja dentro de mí.

Pilar Adón
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Estas piernas húmedas no me pertenecen

Estas piernas húmedas no me pertenecen.
Caminan junto a mí, pero no son las mías.
Mi corazón sabio me sugiere que no me asuste, porque no son mías.
Mis piernas han desaparecido,
suplantadas por trozos de carne húmeda que no reconozco, que olvido.

El azul de los brazos,
la devoción de los labios,
el giro de la cabeza hacia el firmamento. Universo negro.

Creador de paraísos ajenos, ¿en qué dirección buscarte?

Virajes, latitudes, orientación en brújula.
Vergel de verdes pájaros y sonidos mansos,
explícame en qué cumbre. Explícame cómo. Y dime, ¿por qué esa altura? Semejante altura para seres tan diminutos.

No puedo interrumpir ahora la huida. Iniciada está y seguiré.
Las piernas no mías me orientan.
Observador de mi escasez, háblame.
¿Cómo sabré que puedo detenerme?


Pilar Adón

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jueves, 25 de febrero de 2016

Pedro Andreu (Palma de Mallorca, 1976)
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Novelista y poeta integrante del colectivo “Comerciantes de nubes”. Firma a veces con el Pseudónimo de Travis Ortega.
Entre sus obras, “Partida entre canallas”, “Anatomía de un ángel hembra”, “El frío”, “A quemarropa” y “El secreto de iguanas.”

Entre sus premios eñ XII Premio Nacional de Poesia Blas de Otero.

Me perderé despacio

Me perderé despacio
en tus rincones, en el preciso
hoyuelo de tu risa,
en las comisuras de tus ojos
-perdón, quise decir tu boca-.
A veces me confundo:
es tan compleja y rica
toda tu anatomía.
Olvidarme del tedio,
del mundo ardido
que dicen que rompimos,
pero que destrozaron otros.
Dejar plantado mi trabajo,
escupir a mi jefe lo que pienso
de los Servicios Sociales,
desconducir mi coche
cincuenta y dos kilómetros
hasta la calle donde te tiene esclava
una oficina, gritarle basta
a los teléfonos, romper la cremallera
de los meses iguales,
setenta y tres centímetros
de espalda y de deseo: saberte viva
al fin, libre como internet,
como los yayoflautas
o las plantas que crecen
salvajes en las tejas.
Fundar mi patria, la tuya,
nuestra tierra
en dos metros de cama.
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Acariciar palabras boca a boca.
Hasta que nada duela tanto.
Hasta que tanto duela nada.
Hasta que el mundo finja
que nos quiere y se digne
–por fin- a ser feliz.

Pedo Andreu 

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sábado, 20 de febrero de 2016


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Bernardo Acevedo y Huelves (Boal, Asturias, 1849 - )

Abogado, escritor y poeta de la segunda mitad del siglo XIX. Investigó sobre el folclore y los usos y costumbres de su tierra. Fue miembro de La Academia de La Hstoria y también de la Academis de la Lengua.

Los malos vientos

Yo venía rosada de fresca adolescencia,
por la campiña verde, bajo el azul de Dios.
Yo venía cantando mi sana florescencia
con el cristal sonoro de mi cándida voz.

Yo venía rosada.

Yo venía fragante
oliendo a agüita clara y a risueño botón.

Tú estabas a la vera de mi huella triunfante
para torcer mis pasos hacia tu corazón.

Y como fascinada yo seguí el laberinto
de tus suaves pendietes todas ellas de amor.
Yo venía rosada con olor a Jacinto
yo venía cantando sin saber del dolor. 

Y hoy

que un viento de olvido sacudió mis hondores
vengo triste y velada por mortal palidez.

Yo venía rosada con mis sueños cantores
y hoy me vuelvo amarilla de temprena viudez.

Bernardo Acevedo y Huelves

Cuba ñáñigo y bachata

Resultado de imagen de Antillas menoresCuba, ñáñigo y bachata.

Haití, vodú y calabaza.

Puerto Rico, burundanga.

Las Antillas menores,
titís inocentes, bailan,
sobre el ovillo del viento
que el ancho golfo huracana.

Bernardo Acevedo y Huelves

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