jueves, 13 de diciembre de 2018


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Eva Vaz (Huelva, 1972)

Licenciada en Filosofía, ha experimentado en los campos de la gimnasia rítmica, del teatro y del periodismo, narradora y poeta.
Entre sus obras, “Elegía a una sombra”, “Ahora que los monos se comen a las palomas”, “La otra mujer”, “metástasis” y “Cuaderno de Isla y leña”.


Donde habita el olvido

La abuela se fue muriendo
de olvido.
Se olvidó de sobrevivir.
Y a su corazón se le olvidó
seguir latiendo
después del último latido.

A la abuela se le fue olvidando
el significado de las palabras
y hasta su propia voz olvidó
de qué forma salir.
Olvidó que eran sus lágrimas
 O cómo abrir sus ojos transparentes.
Se le olvidó el dolor que duele
el dolor
o dar un paso tras el último
paso dado.

Las cortezas de su cerebro
se hicieron blandas e inútiles.


Al principio, cuando aún
se acordaba de andar,
de cagarse encima
o llorar,
la abuela nos hacía mucho
daño sin querer.
En las retinas lo guardo todo.

Mi madre, su hija, su madre,
murió antes que ella.
Y nos dejó huérfanos a todos.
Y a ella.
Pero mi madre,
se  moría un poco,
cada vez que la reñía
por beberse una botella de lejía
o desnudarse en la calle
como un bebé vagabundo.

Y la abuela, la que tanto miedo
le hizo en vida,
y tanto añoro,
la de la vida convulsa de hambres,
niños muertos,
e hijos enfermos,
la de las palizas del abuelo
que murió de un calambre
por alcohólico, fascista o pobre loco.
Se fue muriendo en aquel sitio
al que nunca tuve el valor de ir.


Y sé que la abuela murió
de olvido
pero no olvidada.
Que sus huesos se plegaron
en posición fetal
como un recién nacido famélico
y listo para morir.

Hasta que se le olvidó de respirar
después de la última respiración.

Y ese día todos respiramos.

Para seguir respirando…

Eva Vaz

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Los amantes inadecuados

Mis amantes nunca
fueron hermosos.
Delgados, de venas exclamantes,
esculpidos en hueso,
dramáticos, tiernamente trágicos
hasta la risa.

Mis amantes eran difíciles
se resistían salvajemente
para luego entregarse,
resignados e imposibles
con la soberbia domesticada,
la cabeza baja
mirando mi sexo,
destruidos por el deseo.,
más poderoso que el espíritu.
Tristes.

Ninguno me dobló,
hasta que el mismo demonio
abrió mis hojas débiles
y entró
para no salir.

Me hizo fanática
de su sexo,
me desvió la lujuria
hacia el mismo centro de su boca,
centró la sorpresa
en sus pasos arrastrados;
el placer, en el sonido
de su voz categórica
en la gravidez de sus ojos.
Me acostumbró a sus costumbres,
me creó la necesidad de necesitarlo,
y por fin se ofreció a suministrarme
la dosis de sí mismo de la que
me hizo depender.

Luego me instaló
un tumor benigno
en el útero.


Y ahora todo es diferente,
todo es diferente.
Y ya no estoy
sola.

Eva Vaz

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La falda

Era una tela naranja
con florecitas verdes.
Se parecía mucho al paño
de nuestra mesa de camilla.

Un metro cuadrado de tela:
hay que hacerle
una bastilla pequeña
para meter el elástico.

Yo le puse unas bolitas de colores
y unas plumas
que te dije que me había regalado
una de las palomas que
saludamos cuando abrimos las
persianas cada mañana.
La que no se comió el mono.

A las 13:30 estaba lista
la faldita
y mi proyecto y el presupuesto,
y las inyecciones para el dolor.
Pensé que era larga
pero non estaba muy segura.
Creces muy rápido.

A ti te pareció
la falda de una princesa
y la llevabas así de linda.

Cuando te miré por la ventana,
a las 16:30,
y cuando las vi, comencé a
llorar.

Las demás niñas llevaban
la misma tela.
Pero era un vestido,
como el de una reina.

Yo lloraba
mientras tú jugabas con
los demás niños.
Y aplaudías cuando
te lo decía la seño.
y cuando aplaudías,
yo lloraba.

A las 20h. Yo presentaba
mi libro
sin presentador.
Y comencé a llorar
ante el abuelo.

El abuelo no merecía escuchar
este poema.
Ni tú merecías llevar esa falda
tan larga.

Pero erais felices
como “ciempiés”
mientras yo seguía
llorando
mi perfección.

Me ha sobrado un poco
de tela,
mi vida.

Te haré una falda
preciosa
para el verano.

Eva Vaz

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sábado, 8 de diciembre de 2018


Lírica andalusí

Albayzí

Cuando descendiste al Albayzín
era de noche, pero aún traías el brillo
del crepúsculo en los ojos.

Te guardaban los pájaros cautivos
ocultos entre las rocas del monte
y yo, como arrayán de una sola hoja
en el camino de tu casa al río.

Anónimo

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domingo, 2 de diciembre de 2018


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Veremundo Méndez Coarasa (Hecho, Huesca, 1897 . 1968)

Maestro, escritor y poeta en aragonés cheso.


Entre sus obras, ‘A Echo’, ‘Oza’ , ‘Las fiestas d’antis más’, ‘Ya ve iplegando setiembre’ y ‘La agonía de las campanas.





La siembra

Acabadas las trufas y sopas,
adobadas con sebo y desfeitas,
remulladas con bel trago vino,
cristianau, si ne has, u agua fresca
y alcaso azamallo,
ha la chen preparada pa siembra.
Atrapacian y chuñen y cargan,
cada cual, las bestias.
Con alforcha pa todo lo día,
con lo trigo apañau en talecas,
con l’apero colgau de lo chugo
y rastrando lo duecho por tierra,
marchan ta la bal,
otros ta laderas
de tierra ‘slavada
y con todos ta güebra,
que, movida y también travesada
y terciada, de güeña manera,
la dixeron así atrapaciada,
ya ‘n la primavera,
después que cremeron,
formigués a usenas,
abrasando, tamién, en los mismos
a las plantas rancadas de tierra,
qu’emponzoñan y matan los campos
y lis chupan lo chueco que queda.
¡Ah diaples de cardos,
grumacas, xarceras,
cenullos, ordigas,
 cerrudas, gardenchas,
 yerbagüena burro,
lastón y broxera,
sabuqueros baxos,
arto cutio, plantaina, sarguera,
solimán, anipetas y toxas
y la betiquera
los azotacristos
y las garrucheras,
las matas de buxos
y d’allagas, que punchan las perras
y te meten las zarpas crismadas,
que da rabia y pena,
porque veyes que trigo n’on pillas
y las plantas dañinas emplenan
los campos, las marguíns,
que parez que triballas pa ellas!
Te metes frioso
y a ñpoder ¡cremarías las peñas!…
Plegaus ta lo campo,
escargan las bestias,
preparan l’apero,
lo dental, en lo güembre, t’apretan;
apañan la ‘spata,
pa que dentre lo güembre.n la tierra,
lo que siga justo
u las bestias puedan.
Empecipian itándote sulcos,
que se claman puercas,
y siñalan los campos asinas,
pa guiar la siembra.
Lo que ita lo trigo a zarpaus,
ha pillau por la margin más dreita;
ve seguindo qui lleva la chunta
y en la zarpa ramals y codeta,
apretando’nta baxo, que dentre,
lo gúembre’n la tierra.
En ella se clava
y la deixa abierta,
cuando fa lo sulco
y lo trigo ’ntierra.
Ya’n ye lo primero
y pa dar la güelta,
¡Tom’arriba!, dice,
devantando l’apero de tierra,
fendo darlin, la mey’ a la chunta,
pa tornar por la misma ‘ndrecera.
En que clava’n la tierra lo güembre,
que gobiernan lo duecho y codeta,
contra lo primero,
lo segundo queda,
un  sulco a la ida
y l’otro a la güelta.
¡Toma baxo!, dice,
lo mozo que siembra,
afloxa pa darla
pero luego apreta
y a slcos a sulcos,
se’n fan una puerca.
Adezaga d’aquella, la otra
y dimpués de las dos la tercera;
d’ixa quisa te siembran lo campo,
u sino las fanegas que puedan,
si lo tajo ye mas d’una chunta,
menester ye otro día de siembra,
Allá meyo día,
han para upa chintar lo que vienga
en l’alforcha, con pan y con vino
y con la berienda.
Comen lo que siga;
muito no lis cuesta,
no bi-ha qui piense
en itar la siesta;
no ye tiempo ni branca aparente
y que, a más, si te itas, te chelas
y pillas destemple, u güen mal de muelas,
u bel resfriau
apercazau l’ebas
y por ixo, en todo el día.
No bi-ha qui lo tiempo te pierda,
porque ye mui sagrau lo triballo.
¡Ye lo pan que demandas ta tierra!...
No ye cosa que siga chocante,
pero sí, muita miga. Ixo lleva.
Tonada de trilla,
tonada de siega,
tonada de ronda,
pa bailar, la fiesta,
pero  o trovarás en la jota,
tona da de siembra…
No verez a dinguno sembrando
que cante’n faena.
El triballo qu’empleas lo cuerpo
y qu’empleas, también, la sesera.
Que si paxaricos,
que si mla tierra,
que si lo negrillo,
que si l’arbilluela,
pos miro lo muervo,
a cascabellera,
la perra viraca,
ratillas, toperas;
a ormino, cheladas,
si quieres s’aniebla,
dimpués las tronadas,
mas antis, que pleva
y si plegan calós mui de pronto,
no te grana ni branca ni meya;
si l’aire lo tumba,
tamién la fa güeña.
Y sabiendo todo ixo que sabes,
sin d’embargo siembras;
y siembras callando,
como aquel qui reza,
 que lo fer que la tierra dé frutos,
ye cosa mui seria.

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