domingo, 15 de abril de 2018


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Pedro Casariego (Madrid, 1955 – 1993)


Pintor y poeta.


Entre sus obras, La Canción de Van Home”, “El hidroavión de K”, “La risa de Dios”, “Verdades a medias” y “La vida puede ser una lata”
Murió joven, al arrojarse al paso de un tren.




Biografía                                                      

                             si
                                 alguna
                                               vez
                                                      muero
                   quiero azaleas encima de mí
                                quiero una ausencia de cruces
                                            azaleas encima de mí

                              si
                                  alguna
                                                vez
                                                        vivo
                    quiero azaleas para mis brazos
                                 quiero agua para las flores
                                              estrellas encima de mí


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¡Ella es!

¡Detrás de un cristal hay tres!
¡Es la tercera!
¿Ella es?
¡Roja como un diccionario
y mucho más suave que el papel!
¡Ojos en cuclillas y grises!
¡Ella es!
¡Muchos días tiene el 16 de enero
en el sueño de Manuela!
Y el hielo...
ahora juegan al ajedrez
el hielo y su noche
¡Trabajadora su cuna,
perezosos los pasos de Manuela!
Dinos qué exclama tu silencio,
dinos cómo será tu voz.
El universo hambriento...
¿cuándo le darás una cucharada de tu risa?
¡Que espere el universo!
¡Paciencia, luna! jManuela duerme!

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Volver a mirarte ha sido

Juana volver a mirarte ha sido.
Una enfermedad desconocida lame la tierra.
En el sembrado muchos volcanes que nunca se inflamaron.
Un milagro cuando los colores se convierten en hijos.
Sombras nítidas si es posible en los campanarios.
Cantos claros acallados por el rayo del instinto.
Brotan piedras amarillas de la sangre extraviada.
Algo estremece la edad definitiva de aquel tiempo en los cristales.
Un alivio de flores se subleva como una tormenta.
Quizá ojos y acueductos fundidos por la memoria.
En valles de savia la frialdad terrible de la fatiga.
Una vejez torpemente nueva irrumpe en los canales del espacio.
Los días del suicidio son días de un azul derramado.
Antes una plaga de horas tristes ha labrado el alma.
La pregunta de una llama y en el fuego una llamada.
Es vuelo de pájaros tibios lo que repite el aire.
Destierros sagrados que curan sin descanso.
Cirujanos y pena más altos que el trigo y los muros.
Lentamente protegen tejados de escarcha.
Amenazan las promesas sinceras de la nada.
Sobrevive lo contiguo y luchan los balcones a lo lejos.
Juana volver a mirarte ha sido.

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lunes, 9 de abril de 2018



Cántico

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido.

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
no cogeré las flores,
ni temeré a las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!,
¡oh prado de verduras
de flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

(…)
Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.

(…)
Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.
Juan de la Cruz

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Poema compuesto a base de liras que le confieren ritmo, cadencia y musicalidad.
Lírica descripción del proceso amoroso, desde el sufrimiento de la incertidumbre, pasando por la adquisición de la certeza y culminando con el éxtasis de la unión. Todo ello a través de sugerentes y delicadísimas metáforas. Nada es explícito, todo es velado, pero subsiste y nos llega con más profundidad que el erotismo expreso.

miércoles, 28 de marzo de 2018


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Carlos Oroza (Viveiro, Lugo, 1923)

Poeta que define a los libros como “cementerio de signos” y que se declara partidario de la poesía oral. Ha dado múltiples recitales por toda España.
Entre sus obras, “Eléncar”, “Una porción de tierra gris del norte”, “La llama prestada” y “Un sentimiento ingrávido recorre el ambiente.”
Ha recibido en Nueva York, “El Premio Internacional de Poesía Underground.”

Malú

Parece entonces como si yo y yo fuésemos dos personas que se persiguen mutuamente. Es en la evasión donde está el sentido de mi propia seguridad.
Oh eva
évame malú
évame malú.

Hoy en ferragosto o julio triste prohibido e inasequible. Solo
oh eva.
Évame eva.
Évame si me transito.

Era de noche por tus ojos de fiebre-ómnima por tus manos que me acarician.
Era extraño cómo subsistía por la noche cada noche deviniendo por mis pasos
para encontrar dormido el cuerpo enfermo en la otra casa.

Mi cuerpo contra mí –Tu boca caliente y sofocada-
conflúyete
abrázate
no rompas el silencio no toques la pared
me conforto con tu aliento
miro por tus ojos empujo por tus ojo
y me encuentro con las últimas cenizas.

Me dejo en libertad –ómnima mis pasos
y corro- corro por la playa hacia la casa abandonada.

No sé qué hacer si estoy detrás de mí
tengo miedo tropezar tu cara
mirar tus ojos y verme divisado
aspirar tu aliento y verme sunsistido
tropezar tus manos y verme aderezado
cariño eva évame.

Ómnima si mi pálpito se pierde por los trenes y pulula por los gemidos
mi pálpito pegado al vies dolorosamente ernesto a tu cintura a ti
mismo
cuando me dejo en libertad
y corro corro – corro por la playa hacia la casa abandonada
ómnima
ómnima
ómnima
mientras subsisti estraño por la noche deviniendo por mis pasos
para encontrar dormido el cuerpo enfermo en la otra casa.

Oh eva
évame eva
évame si me transito.

Intento translucirme malú para llevar contigo
y no hay apoyo vital para afirmarme
y es como llegar a mí malú contigo.
Madre por una sola vez si me transcurres.

tras subo o me adelantas la luz para llegar arriba
por una sola vez una vez dos veces tres veces golpeándome en la sienes.
Tus brazos retenidos en las sombras,
tu mano y tu latido,
tu voz poderosa desde abajo – contigua hacia el balcón
para decir que ha muerto alguno en esta casa
pudo haber muerto alguno en esta casa
y es como llegar a mi malú contigo
inmersa
golpeando fuertemente desde abajo
golpeando en las escalera
metiendo tus manos tus codos tus brazos por los huecos
golpeando la pared.
Tremándame en la vértebra
demorando mis pasos por las sombras.

Una vez me escupiste cenizas en los ojos
y yo te dije
sigue sigue sigue.
Te me adelantas. Tengo miedo. Estás golpeando al mundo.
Pero tú me das-malú – malú
Malú para llegar arriba.

Oh eva -Évame - Eva - Évame si me transito.
Carlos Oroza

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América

Me he despertado en este trozo oscuro y estoy inmerso en esta oscuridad y es más inmensa aún la noche inmensa y casi muerta la noche arrastrar con su voz trepando.
Por eso cuando ibas por la carretera y te desviaste hacia el mar
Y me contaste que habías visto salir de debajo de las aguas brazos. Brazos trepando. Trepando hacia la arena.
Comprendí que eran seres,  miles de seres que el mar había rescatado. Miles de años de seres de América escapada.

América estaba al lado del mar tratando de subir por una inmensa cuesta blanca arriba
De arena blanca hasta llegar al blanco fronterizo con la carretera.
Era toda América crucificada a la orilla
toda la América insalvada y fija.
Brazos saliendo del mar crucificados avanzando
brazos pájaros sin cabeza
brazos voces sumisas en la orilla.

Y Poe estaba americando
y Poe llevaba un bicho que había
salido por su boca.
Y era Poe Poe
Poe haciendo ruidos con el agua
Poe besando por el alma de la playa.
Y toda aquella gente que venía suspendida por la carretera
no se daba cuenta de nada
porque no tenía la costumbre de mirar la oscuridad
ni en sus ojos estaban habituados a la noche.
Estaban los ojos oriundos los ojos de una infinita estepa sedienta y soleada.

Y fue horrible enfrentarse con “aquello”
enfrentarse con la carretera y bajar al mar.
América estaba crucificada a la orilla,
toda la América incluida.
La América errante y los brazos se alzaban. Se alzaban y se hundían
se hundían y se alzaban.
Se alzaban goteando hasta llegar al blanco fronterizo entre la
carretera y el mar.
Era América crucificada América hundida que trataba de llegar
a la carretera.
Aquella noche en la playa cruzaste. Tocaste aquellas manos
y las manos se soliviantaron. Empezaron a levantarse y a rechazarte.
Empezaron a golpear en el mar a sublevar las olas
a devolver al aire al cielo al techo la lluvia que había secado
y tú has tocado. Ha dado con las manos en el aire.
Has dado con las manos en el agua y estás golpeando.
Golpeando de nuevo el agua.
Y Poe estaba americando. Y Poe llevaba un bicho que había salido
por su boca.
Poe haciendo ruidos con el agua.
Poe besando por el alma de la playa.
Y América ya no recibía calor. América estaba crucificada
y no había conseguido avanzar ni un milímetro tan solo.
Penetraste aún más. Llegaste al pie del agua te transformaste

y querías atraer las cosas. Atraerlas a la carretera y llevárselas a la noche inmensa y seca
y había miles y miles de kilómetros y ellos estaban estancados.
Estaban estampados por la espalda y por el pecho.
Estaban estampados en la arena y contra el agua
y Poe estaba americando. Y Poe llevaba un bicho que había salido de su boca
y era Poe Poe Poe.
Poe haciendo ruidos con el agua. Poe besando por el alma de la playa.
Y América estaba crucificada a la orilla
y no había conseguido avanzar ni un milímetro tan solo.
Desesperadamente de amaramar mi alma se multiplicaba
y se engendraba buscando canales para salvarse
y no podía ser. Tropezaba contra la carretera y no podía avanzar
y volvía formando círculos a incrustarse en los dedos de América.
Y Poe estaba americando. Y Poe llevaba un bicho que había
salido de su boca
y era Poe Poe Poe.
Poe haciendo ruidos en el agua,
Poe besando por el alma de la playa.

Carlos Oroza

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