jueves, 27 de febrero de 2020


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 Olga Orozco (Toay, La Pampa, Argentina, 1920 – Buenos Aires,1999)

Periodista, poeta perteneciente a la llamada “Tercera Vanguardia”.
Entre sus premios, el “Primer Premio Municipal de Poesía”, el “Premio Nacional de Poesía”, el “Premio Gabriela Mistral” y el “Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo”.

Entre sus obras, “Las muertes”, “Los juegos peligrosos”, “Cantos a Bernice”, “Desde lejos” y “Con esta boca en este mundo”.


La abuela

Ella mira pasar desde la lejanía las vanas estaciones,
el ademán ligero con que idénticos días se despiden
dejando sólo el eco, el rumor de otros días apagados
bajo la gran marea de su corazón.
De todos los que amaron ciertas edades suyas, ciertos gestos,
las mismas poblaciones con olor a leyenda,
no quedan más que nombres a los que a veces vuelven como a un sueño
cuando ella interroga con sus manos al apacible polvo de las cosas
que antaño recobrara de un larguísimo olvido.
Sí. Ese siempre tan lejos como nunca,
esa memoria apenas alcanzada, en un último esfuerzo,
por la cumbre de la piel o por la enorme sabiduría de la sangre.
Ella recorre aún la sombra de su vida,
el afán de otro tiempo, la imposible desdicha soportada;
y regresa otra vez
otra vez todavía, desde el fondo de las profundas ruinas,
a su tierna paciencia, al cuerpo insostenible, a su vejez,
igual que a un aposento donde sólo resuenan las pisadas de los antiguos huéspedes
que aguardan, en la noche, el último llamado de la tierra entreabierta.
Ella nos mira ya desde la verdadera realidad de su rostro.

Olga Orozco

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Olga Orozco

Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
la humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí
igual que un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.


Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en el último instante fulmíneo como un rayo,
no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada
entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:
“Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento”.

Olga Orozco

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sábado, 22 de febrero de 2020


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 Juan Martínez Villergas (Gomeznarro, Valladolid, 1816- Zamora, 1894)

Político, periodista, escritor y poeta.



Entre sus obras, “El baile de las brujas”, “Poesías jocosas y satíricas”, “El ciego de Orleans” y “La vida en el chaleco”.



Epigramas

A una cátedra Simón
hace oposición, y creo
que colmará su ambición;
pues no es el primer empleo
que pesca la oposición.
……..

Un confesor que Pilar
llena de entusiasmo ensalza
a la virgen del Henar
mandó que fuera descalza.

Y en efecto allá se fue
por cumplir su penitencia
descalza de pierna y pie;
pero fue en la diligencia.

Juan Martínez Villergas

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lunes, 17 de febrero de 2020


 Resultado de imagen de Ildefonso Manuel Gil (Paniza, Zaragoza, 1912 – Zaragoza, 2003) Licenciado en Derecho y doctor en Letras, fue un ensayista, traductor, narrador y poeta. Entre sus obras, ‘La moneda en el suelo’, ‘Concierto al atardecer’, ‘El tiempo recobrado’, ‘El incurable’ y ‘Poemas del tiempo y del poema’. ………… Aniversario Cada día mi amor ha ido creciendo enriquecido en tanta confianza. Si clausuró su cuenta la esperanza, más de lo prometido va cumpliendo. La juventud se fue desvaneciendo y no el amor que día a día avanza hacia más perfección y más la alcanza cuando en el corazón va atardeciendo. Un triste placer, una hermosura que sosiega el vivir y lo engrandece viendo el tiempo en el rostro de la amada, cada arruga tornándola más pura, más bella en la medida que envejece, más amorosamente codiciada.
Ildefonso Manuel Gil (Paniza, Zaragoza, 1912 – 2003)
Licenciado en Derecho y doctor en Letras, fue un ensayista, traductor, narrador y poeta.
Entre sus obras, ‘La moneda en el suelo’, ‘Concierto al atardecer’, ‘El tiempo recobrado’, ‘El incurable’ y ‘Poemas del tiempo y del poema’.


Aniversario

Cada día mi amor ha ido creciendo
enriquecido en tanta confianza.
Si clausuró su cuenta la esperanza,
más de lo prometido va cumpliendo.

La juventud se fue desvaneciendo
y no el amor que día a día avanza
hacia más perfección y más la alcanza
cuando en el corazón va atardeciendo.

Un triste placer, una hermosura
que sosiega el vivir y lo engrandece
viendo el tiempo en el rostro de la amada,

cada arruga tornándola más pura,
más bella en la medida que envejece,
más amorosamente codiciada.

miércoles, 12 de febrero de 2020


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Mariano José de Larra (Madrid, 1809 – 1837)
Periodista, político, crítico satírico, articulista, ensayista y escritor muy significado del Romanticismo español. Se suicidó de un pistoletazo en la cabeza con apenas 27 años.
Aunque fue famoso por sus artículos costumbristas, también escribió poesía, de la que aquí he traído una muestra.

Escribió también el drama histórico, “Macías” y la novela histórica “El doncel de don Enrique el Doliente.”

Las miserias del hombre

Las miserias del hombre
canta Talidio;
y yo al oírle, todas
ya las olvido.
Porque es entre ellas
el escuchar su canto
mayor miseria.


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Por qué, mariposilla

¿Por qué, mariposilla,
volando de hoja en hoja,
haciendo vas alarde
ya de inconstante y loca?

¿Por qué me di, no imitas
la abeja que industriosa
el jugo de las flores
constante en una goza?

Advierte que no vaga
del alelí a la rosa,
que una entre miles busca
y una fragante sola.

Y cuando ya la elige
hasta exprimirla toda,
jamás voluble pasa
sin disfrutarla a otra.

¿No veis también que el pecho
de ella lecciones toma?
que si jamás libaba
deje de amor la copa.

Si en tus cambiantes raros
el sol que te colora
deslumbra nuestros ojos
con tintas mil vistosas;

¿Por qué, avecilla leve,
rehúsas voladora
sola, una flor y un cáliz
cubrir de orgullo y gloria?

Para batir tus alas,
para en las blancas pomas,
y en el turgente seno
de la que el pecho adora.

Allí una florecilla
dulce fragancia hermosa
al seno de mi Fili
con ambición le roba.

Vuela, mariposilla,
que si una vez tan sola
en sus matices quieta
de sus delicias gozas.

No ya más inconstante
has de querer traidora
volver a la floresta
a revolver entre otras.

Vuela, avecilla, vuela,
recoge sus aromas,
y tórnate a mí luego
y dame cuanto cojas.

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Quiero cantar las lides…

Quiero cantar las lides
en cítara entonada
sonando el eco horrendo
de fúnebres batallas.
Mas rebelde mi lira
cuando mi mano airada
la pulsa, a Fili bella,
sólo a mi Fili canta.
En balde, en balde quiero
las épocas pasadas
renovar en mi lira
y antiguas las hazañas.
Amor las cuerdas todas
sacude con sus alas
y obstinado celebra
la bella que le encanta.
En balde yo las cuerdas
ardiendo en ira y rabia
una y otra y mil veces
despechado mudara.
Sólo a la linda Fili
cuando yo la pulsaba,
sólo sus quince hermosos
amor con ella alaba.
Suena, pues, lira mía,
tus voces acordadas
hay el natal de Fili
den a los ecos blandas.
Y al vibrarlas Favonio
vuele y con dulce calma
en su cabello de oro
deposite sus auras.
Vuele el amor a Fili
y entréguele su aljaba
y bullicioso juegue
en sus pomas de nácar.
Del tardo Manzanares
las ninfas y zagalas
cojan vistosas flores
y hagan de ellas guirnaldas.
Suenen, lira, tus cuerdas
en la fresca mañana
la rosa del capullo
arrojando sus gracias.
Volad, versos, a Fili,
y en premio suplicadla
que torne sus ojuelos
a mirarme apiadada,
y en tantos besos deje
que en su labio de grana
mi labio robe el fuego
que en su coral se guarda;
cual ve corderos blancos
pacer en la comarca,
y como tiene el prado
fragantes flores gayas;
como hebras blondas rizas
sobre su frente vagan
y deja el mar menudas
arenas en la playa;
como suspiros tiernos
por ella el peso lanza,
como zagales bellos
se abrasan en su llama.

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