domingo, 26 de junio de 2022

Ryunosuke Akutagawa (Tokio, Japón, 1892 – 1927)

Graduado en Literatura inglesa, profesor, escritor y poeta, considerado ‘el padre de los cuentos japoneses’. Vivió atormentado toda su vida por la influencia que tuvo su madre, enferma de psicosis, durante su niñez. Padeció crisis nerviosas, angustia y alucinaciones visuales. Terminó por suicidarse con una sobredosis de veronal.

Entre sus obras, ‘Rashomon’, ‘La nariz’, ‘El pañuelo’, ‘El biombo del infierno’, ‘La muerte del mártir’, ‘El general’,  ‘La princesa Rokunomiya’, ‘El hombre del oeste’ y ‘La vida de un idiota’.


Haikus

 

Florece un lirio

sobre el techo de paja

de la cabaña.

 

Lluvia otoñal:

en salón de palacio

se abren goteras.

 

Ya es primavera

en el monte; los pinos

gotean resina.

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viernes, 17 de junio de 2022

María Àngels Anglada i d’Abadal (Vich , 1930 – Figueres, 1999)

 

Escritora y poetisa catalana, licenciada en Filología Clásica.

Entre sus obras: ‘Les closes’, ‘l’argent del rei’, ‘Díptic’. ‘Columna d’hores’ i Kiparíssia’.


No sé jugar amb màscares

 

No sé jugar amb màscares, amics.

Estimo massa les paraules nostres

de molts llavis de cendra, crit i flama.

No em serveixen per fer-me hábil disfressa

d’uns pocs pensaments clars

ni per bastir-me, en arbres de misteri,

nius de somnis remots, A la cruilla

dels camins de la nit, la veu ressona:

hem escollito, en l’espera de l’alba

els dards de la veritat, o un dur silenci.


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sábado, 11 de junio de 2022

LITERATURA GAUCHESCA

Se llama así a un tipo de literatura popular que surgió en Argentina y Uruguay a comienzos del XIX. Lo suelen llevar a cabo personajes cultos que adoptan el lenguaje del gaucho para potenciar la autonomía cultural.

El movimiento brota paralelo al de la independencia política, a partir de 1810.

Podemos considerar como primeros autores gauchescos a Bartolomé Hidalgo e Hilario Ascasubi.

Son poetas urbanos que escriben imitando el lenguaje de los payadores (cantores populares gauchos) para poder hacerse entender de los criollos.

El primer rasgo típico de la poesía gauchesca es que es oral y destinada al canto. En el “Martín Fierro”, el protagonista dice:

“Cantando me he de morir,

cantando me han de enterrar,

y cantando he de llegar

al pie del Eterno Padre.

Desde el vientre de mi madre

vine a este mundo a cantar”.

La poesía gauchesca utiliza una gran variedad de estrofas, desde la cuarteta o redondilla a la décima, pasando por el romance. Pero tiene dos modalidades originales, llamadas “el cielito” y “la media caña”. Todos son metros menores y estrofas de la poesía popular.

“El cielito” consta de versos octosílabos compuestos de dos hemistiquios de dos y cinco sílabas con acentos en 2, 4 y 7:

“Cielito/ cielo que sí

cielito/ locos están...”

En “La media caña” alternan versos octosílabos con tetrasílabos pareados en forma de pie quebrado.

Otra característica de la literatura gauchesca es que tiene un contenido político, revolucionario y social. Algunos ejemplos:

“Como patriota argentino

solo cumplo mi deber

viniéndome a ofrecer

A Vuecelencia a mi modo,

es decir, con cuerpo y todo,

hasta morir o vencer.”

H. Ascasubi.

Otra característica de la poesía gauchesca es que ha de ser narrativa y dramática. 

El tema básico de estos poemas suele ser la vida del gaucho con sus costumbres, tradiciones, sabiduría y habla popular.

Los rasgos de la personalidad del protagonista suelen ser su altivez, firmeza y capacidad de aguante, inteligencia, sagacidad. Suele ser individualista y aferrado a la vida del campo, sensato, equilibrado, pero sobre todo un poeta y un cantor.

Martín Fierro dice al comienzo del poema:

“Me siento en el plan de un bajo

a cantar un argumento”.

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domingo, 5 de junio de 2022

Adolfo Cueto (Madrid, 1969)

Estudiante de Filología hispánica y derecho y poeta.

Entre sus obras,”Diario Mundo”, “Palabras subterráneas” y “Dragados y construcciones.”

Entre sus premios, el “Premio Emilio Alarcos de Poesía.”

Marina habla con árboles

Marina habla con árboles, entiende

su alta edad, el estremecimiento

del verano en sus hojas. Por su espina dorsal,

como a esa rama tierna, recién

brotada, asciende

este coro danzante, sonajero del viento

que le canta al oído.

 

La estoy viendo ofrecer su inocencia sin traba,

sonreír, explorar

un lenguaje preciso, de raíces

secretas, que no tiene alfabeto –y es ya esta palpitación

del mundo, respirándome a fondo–.

Pecho alado y en paz,

criatura tan dentro

como un cielo de agosto, hacia arriba, en lo alto,

donde canta la vida, donde la vida es

bella aún.

 

Marina habla con árboles

–me dices– aunque tenga 3 meses.

Aunque algunos no escuchen, porque sólo

sonríe, porque no sabe hablar.

Amantes

Porque late en sus venas la luz ruidosa del atardecer,

se han besado de nuevo. Dan

con la vista a otro sitio

que quizá no es de aquí, y unas ganas enormes

de gritar, de salirse otro poco

de este cuerpo pequeño, cuando los días arden

y es ya todo distinto, y es

sin embargo igual: son esas mismas

pensiones arañadas del deseo, de otro modo

dispuestas, de par en par

abiertas las ventanas a la vida, oigo tu voz

crepitada, de madera quemándose, un quejido

difuso de sirenas, que se encienden

por tu cintura arriba, respira la ciudad, qué extraño incendio

me tiene entre tus labios, aún murmuran

los bares despedidos, hay un aire

que pasa, un agua subterránea, un tigre oscuro

que ruge, que no cesa, alguien que busca

tu nombre nuevamente, dice el mío.

 

Y hay luego ese pasillo solitario del fondo

de tus ojos –y grifos que se abren, y nunca más

se cierran–, y es de noche.

 

(Ya les cubren urgentes, salitrosas

sábanas, donde cabe el infinito.)

Carretera de ida y vuelta

Tan sólo hay un camino hacia la madrugada,

y lo saben tus días, y lo asfaltan los años. Lo acantilan

las grietas del alcohol. Nos adentramos

allá, con paso firme, entre los últimos

desheredados del atardecer. La noche va poniendo

las cosas en su sitio: lame al débil, arropa al

despojado, te acaricia

con sus uñas de plata; ves su falsa peluca, sus

templos y sus dioses derrotados, a quien busca

en lavabos oscuros, a tientas, sobre un cristal

herido, la dosis de esperanza que le salve; a quien pesa

otros labios incendiados de deseo, de

llaga abierta; ves…

(Etcétera.) Son jirones

de carne, de tiempo: diversos

momentos, maneras, lugares, pero

un solo camino,

 

sí. Tan sólo hay un camino

hacia la madrugada. Y estás

de vuelta tú ahora, ahí –de vuelta otro poco–. Estás

sintiéndote quizá extraño,

sintiéndote quizá lejos,

cuando ir y volver son ya lo mismo, las mismas

palabras secas, cansadas (como esa

nicotina del insomne). Como estas

palabras sin sueño ya,

palabras solas, que hoy son

carretera de ida y vuelta.

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